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Formación del racimo invernal en los cuadros – biología, mecanismos y práctica apícola

La formación del racimo invernal es el mecanismo adaptativo clave de la abeja melífera, que permite a la colonia sobrevivir en condiciones térmicas desfavorables mediante la termorregulación colectiva. A diferencia de muchos otros insectos, las abejas no caen en letargo, sino que permanecen activas, manteniendo en el interior del racimo la temperatura necesaria para la supervivencia y utilizando las reservas de miel acumuladas como combustible.

Fundamentos biológicos y físicos de la formación del racimo

El proceso de formación del racimo está estrechamente correlacionado con la temperatura ambiente. Los primeros indicios de agrupamiento de las abejas en las colmenas se observan cuando la temperatura exterior desciende por debajo de 12–13 °C. Con un descenso adicional hasta +7 °C a +8 °C, el racimo queda completamente formado y compacto.

La estructura del racimo invernal se asemeja a un elipsoide o una esfera achatada, dividida en capas por los panales. En él se pueden distinguir dos zonas principales:

  1. Envoltura (corteza): La capa exterior está compuesta por abejas densamente empaquetadas y poco activas, cuya misión es el aislamiento térmico. El grosor de esta capa oscila entre 2 y 10 cm y depende de la temperatura exterior: cuanto más frío hace, más gruesa y hermética se vuelve la envoltura. Las abejas de esta zona introducen la cabeza en las celdas tubulares del panal, lo que aumenta aún más la densidad del racimo.
  2. Núcleo (centro): En el interior del racimo, las abejas están dispuestas más holgadamente, lo que les permite moverse. Aquí se genera el calor mediante micro-vibraciones de los músculos del tórax.

La temperatura en el interior del racimo no es constante y experimenta fluctuaciones. En la primera mitad de la invernada, cuando no hay cría, la temperatura en el centro oscila entre 14 °C y 25 °C. El punto crítico se sitúa en torno a los 14 °C: cuando la temperatura desciende a este umbral, las abejas del núcleo intensifican su metabolismo y generan el denominado pico de temperatura hasta aproximadamente 25 °C, tras el cual sigue una fase de enfriamiento lento.

Ubicación del racimo en los cuadros

El lugar natural de formación del racimo depende de varios factores:

  • Piquera y ventilación: Las abejas eligen instintivamente un lugar enfrente de la piquera, donde disponen de acceso a aire fresco rico en oxígeno.
  • Última cría: El racimo se forma con mayor frecuencia en aquellas partes de los panales de los que emergió la última cría otoñal.
  • Calidad de los panales: Se prefieren los panales de color marrón oscuro, „cálidos”, en los que ya se han criado varias generaciones de abejas, ya que tienen mejores propiedades aislantes que la cera de nueva construcción.
  • Orientación solar: En colmenas con paredes más delgadas, el racimo puede desplazarse hacia la pared sur de la colmena, que se calienta con los rayos del sol.

Dinámica del racimo durante la invernada

El racimo invernal no es estático. Las abejas se desplazan continuamente desde la superficie hacia el interior, intercambiando los roles de aislantes y generadoras de calor. Todo el conjunto se mueve por los panales siguiendo las reservas consumidas. La dirección estándar de movimiento es de abajo hacia arriba y, tras alcanzar los cabezales superiores de los cuadros, de la parte delantera a la trasera de la colmena.

La continuidad de las reservas es de importancia crítica. Las abejas solo pueden pasar a los cuadros adyacentes cuando la temperatura exterior sube por encima de 0 °C. Con heladas, si las abejas encuentran celdas vacías en el cuadro sobre el que se asientan, pueden morir de hambre aunque tengan cuadros llenos justo al lado.

Guía práctica para la preparación del nido de cría (Cómo, Qué y Por qué)

La correcta disposición de los cuadros en otoño determina el éxito de la invernada. A continuación se presentan los pasos necesarios para una formación óptima del racimo:

Paso 1: Revisión otoñal y selección de cuadros (agosto/septiembre)

  • Qué: Deben retirarse del nido de cría los cuadros viejos (negros), dañados y los demasiado claros (vírgenes) que retienen mal el calor.
  • Por qué: Las abejas invernan mejor en cuadros de color marrón oscuro, que garantizan la estabilidad térmica del racimo.

Paso 2: Adaptación del tamaño del nido a la fuerza de la colonia

  • Cómo: Se dejan tantos cuadros como los que las abejas cubren densamente. Para una colonia media suelen ser 7–8 cuadros; para una fuerte, 9–10.
  • Por qué: Un nido demasiado amplio provoca el enfriamiento de los cuadros laterales, la condensación de vapor de agua y el enmohecimiento de las reservas.

Paso 3: Distribución de las reservas (Disposición del nido) Existen dos modelos principales de disposición de las reservas:

  1. Disposición bilateral (en barba): Los cuadros más llenos (3,5–4 kg de miel) se colocan en los extremos y los más ligeros (aprox. 2 kg) en el centro, frente a la piquera. Esto crea un „lecho” natural para el racimo en el centro.
  2. Disposición unilateral (angular): El cuadro más pesado va a una de las paredes (p. ej., la sur) y los cuadros siguientes tienen progresivamente menos miel.
  • Regla crítica: Cada cuadro que permanezca en el nido debe contener un mínimo de 2 kg de miel.

Paso 4: Garantizar el acceso al polen

  • Qué: Los cuadros con polen no deben situarse en el centro mismo del futuro racimo, sino junto a los cuadros con reservas de carbohidratos.
  • Por qué: El polen puro en el centro del racimo puede actuar como aislante dividiendo el conjunto en dos partes, lo que conduce al debilitamiento de la colonia.

Paso 5: Última alimentación y complemento de carencias

  • Cuándo: La alimentación debe finalizar a mediados de septiembre (a más tardar entre el 10 y el 20 de septiembre), para que las jóvenes abejas invernales no queden agotadas por el procesamiento del jarabe.
  • Norma: Cada cuadro ocupado por abejas debe contar con 2–2,5 kg de reservas (18–25 kg en total por colonia).

Resumen para el practicante

La formación sucesiva del racimo invernal es un proceso autónomo de la familia apícola; sin embargo, el papel del apicultor consiste en crear el „escenario” óptimo para este fenómeno. La clave está en un nido compacto, reservas abundantes y de calidad (libres de miel de mielada, que provoca disentería) y garantizar la tranquilidad. Recordemos que los errores cometidos al disponer los cuadros en septiembre son casi imposibles de corregir en enero o febrero sin exponer a la colonia al riesgo de morir por enfriamiento.